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Cómo motivar al personal

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"Ponéte las pilas porque hay una fila bien larga de personas esperando para ocupar tu puesto!" Éste fue el dicho del titular de una empresa a uno de sus empleados, reclamándole un mejor rendimiento en sus quehaceres laborales.

Sin embargo, el resultado no podía ser otro que el de un estado de desmotivación aún mayor que el que el empleado ya tenía. En estas cuestiones la regla de oro es simple: todo trabajador que se encuentre motivado alcanza siempre un desempeño superior al que lograría no estando motivado.

Por eso el titular de la organización aludida más arriba debería volcar sus mejores esfuerzos hacia el objetivo de motivar a su colaborador, en lugar de amenazarlo y de crear en todo el entorno una emocionalidad del miedo que inhibe y paraliza también al resto del personal. Y esto no lo decimos fundamentalmente en aras de que dicho sujeto pueda comportarse de un modo más humano y de ser, por ello, considerado una buena persona, del tipo de aquellas que apoyan tranquilas la cabeza sobre la almohada al acostarse cada noche. La razón más fuerte y determinante por la que debería velar por la motivación de su empleado es porque nada le conviene más que eso en términos de rentabilidad y resultados.

Si su empleado realiza sus tareas estando inmerso en un estado de motivación, él ganará más dinero. Y a todo esto, ¿qué significa estar motivado?

La palabra motivación deriva del latín motus, motivus que viene a desembocar en el término "movimiento". Estar motivado es, entonces, estar en movimiento. No es estar pasivo o quieto sino, por el contrario, estar inquieto, o sea lleno de inquietudes. La persona motivada es una persona movilizada. Es alguien con ganas, con energía, con interés por su trabajo. Como expresara alguna vez un autor italiano, el líder, que es a quien le cabe la responsabilidad de motivar, es el "entusiasmatore".

Estar motivado, por tanto, es estar entusiasmado. Ahora bien, tener entusiasmo cuando uno está a punto de ingresar a una heladería, o cuando se encuentra cerca del estadio al cual se acude para ver un interesante partido de fútbol o un atrapante concierto de música es algo de lo más natural que pudiera existir en el mundo. Hablar, en cambio, de entusiasmo refiriéndonos al campo laboral puede dejarnos un tanto perplejos, ya que se trata de un terreno poblado de tensiones, urgencias e imprevistos... Y, de todas maneras, igualmente vamos a plantear la necesidad de ampliar en la mayor medida de lo posible los espacios de motivación en el ámbito de las organizaciones, de ganarle terreno al desgano, a la apatía, al malestar. Para la conveniencia de la empresa, lo dijimos antes, pero también para la del personal, ya que el hecho de hallarse en un estado de desmotivación puede llevar al empleado a que la jornada laboral se le torne interminable.

No es sano para nadie estar mirando el paso de las agujas del reloj cada cinco minutos... Es que la motivación no es un pensamiento, sino una emoción, al igual que lo son la alegría, la tristeza, el enojo o el miedo. "Me siento motivado", decimos. Por ello es que carece por completo de sentido aquella vieja frase que rezaba: "Hay que dejar las emociones en la puerta de entrada a la empresa". Si así fuera, esto implicaría dejar afuera la motivación de los miembros de la organización, o sea dejar afuera todo aquello que motoriza los procesos de producción e impulsa las fuerzas creativas e innovadoras. Realmente un absurdo. No basta con que el personal esté cómodo o conforme.

Estos son términos de menor intensidad que el de motivación, términos bastante pobres en cuanto a sus aspiraciones. Estar cómodo, por ejemplo, conlleva la idea de habitar un espacio de confort, donde la persona se encuentra tranquila y segura pero alejada de las zonas de expansión y desarrollo de sus potencialidades. Tampoco se trata de la caduca consigna de siglo XX de que los trabajadores estén "identificados con la empresa".

La identidad pasa por la vida integral de cada sujeto, no transcurre a través de proceso alguno de fusión con la organización en la que se desempeña. El empleado no es la empresa, trabaja en una empresa. Además, el poder contar con todo un plantel que se encuentre verdaderamente motivado es ya de por sí un muy elevado desafío para el empresario del nuevo milenio. La pregunta, entonces, es la siguiente: Señor/a titular de una organización empresarial del siglo XXI: ¿cómo le ha ido hasta ahora con la ardua tarea de motivar a sus empleados?

En INADEE contamos con una formación específica sobre Liderazgo y Motivación.

 

Dr. Germán Risemberg

Contador, Psicólogo, Doctor en Administración (UNR)

Director de Consultoría y Coaching para Pymes de INADEE

germanrisemberg@inadee.com

 

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